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  • Vengadores: Infinity War. La montaña rusa de Marvel

    IMG_20160127_185808Amigos marvelitas. Los Vengadores ya están aquí, y han llegado a nuestras pantallas de cine por la puerta grande. Muy grande. Vengadores: Infinity War es la primera parte del culmen de todo el Universo Cinematográfico de Marvel, es la razón de ser de 10 años de mejores o peores películas, que comenzaron allá por 2008 con Iron Man, y que culminará con el estreno de la continuacion de Infinity War, allá por mayo de 2019. Para cuando llegue ese dia, 3 fases después, el mega proyecto de Marvel, el dominio de las salas de cine por parte de Disney será total. Triunfo sin paleativos y sin posibilidad de debate en contra. Jaque mate.

    Vengadores: Infinity War nos trae a todos los superhéroes que hemos visto a lo largo de las 3 fases de Marvel. Bueno, todos no. Ant-Man y Hawkeye no se darán cita en esta ocasión, pero seguro que les veremos en la secuela. En esta ocasión, los Vengadores se reunirán para combatir a la amenaza llamada Thanos, que como os podéis imaginar, tiene la super original intención de destruir la Tierra. Bueno, no, tan solo la mitad, modus operandi del Titán Loco. Los Guardianes de la Galaxia, los ex agentes de la acabada S.H.I.E.L.D, el asgardiano, Tony Stark, el maestro de las artes místicas, Spider-Man y compañía, intentarán evitar que Thanos se haga con las 6 Gemas del Infinito y convertirse en el ser más poderoso (y genocida) del Universo, capaz de aniquilar la mitad de la población con el chasquido de sus dedos.

    Tras la decepción de La Era de Ultrón, de la mano de Joss Whedon, había muchas esperanzas con la nueva entrega de los Vengadoras cuando el proyecto acabó en manos de los hermanos Russo, directores de dos de las mejores entregas del MCU, las dos últimas películas del Capitán América: El Soldado de Invierno y Civil War, esta última una especie adelanto de los Vengadores, que puso las bases de lo que es Infinity War. Los Russo consiguieron crear, tanto en aquellas como en esta nueva entrega, un equilibrio fantástico entre acción (con unas escenas muy logradas y muy bien coreografiadas), comedia (muy endogámica, como siempre, pero que funciona muy bien, y que Rian Johnson ha querido tomar prestado para esa cosa infame llamada Los Últimos Jedi) y drama (todas sus pelis del MCU tienen momentos bastante dramáticos que afectan al desarrollo de la trama y del Universo en si). Estos tres aspectos son tres constantes que no solo aparecen en las cintas de los Russo, sino que se mantienen en todo el MCU, y tienen su apogeo en esta entrega de los Vengadores.

    Cuando compras una entrada para ver Vengadores: Infinity War, estás comprando un boleto para subirte en la montaña russa de los Russo (malísimo, lo se… Sorry). Durante las casi 3 horas de duración, vamos a reir con el humor ya característico de la saga, con protagonismo en este sentido de Peter Quill (Chris Pratt) para variar, pero sobre todo con Drax (Dave Bautista), el roba escenas de la película. Subiremos hasta la cúspide de la acción, con Thor (Chris Hemsworth), Iron Man (Robert Downey Jr.) y el Capitán América (Chris Evans) como abanderados, y es que la película no engaña a nadie, y desde que comienza hasta que acaba, seremos testigos de incontables batallas, con apariciones de personajes que hacen levantarte de la butaca con ganas de aplaudir por lo épico de sus apariciones (dos veces). Y también descenderemos la pendiente de la parte dramática, en esta ocasión gracias a Thanos, por fin un personaje malvado a la altura del MCU, algo muy criticado en todas sus películas. Y eso sí que es una novedad.

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    Sería injusto no dedicarle unas líneas al personaje de Thanos, que bien se las merece. A pesar de que no haya tenido muchas apariciones a lo largo del MCU, salvo en escenas postcréditos y unos minutos en Guardianes de la Galaxia, el Titán Loco se convierte en el centro de la película, no sólo por ser el antagonista principal, sino por su construcción como personaje, ya que es quien aporta toda la vertiente dramática de la película. Suya es la línea argumental más interesante de la cinta, línea que sorprenderá a más de uno y que, cinematográficamente, es acongojante. Y mucha culpa la tiene el CGI y cómo está hecho el personaje, ya que en muchos momentos se te olvida que no es un personaje real, y sorprende el realismo de su factura. Y por cierto, una mención más que merecida también para el personaje de Peter Dinklage, que se mantuvo en secreto y una vez vista la película, se entiende por qué. Memorable.

    Y hablo de las líneas narrativas, así, muy en plural, ya que una de las consecuencias de que se junten tantos personajes en una película es que sea necesario crear diferentes líneas argumentales en diferentes lugares, para dar cabida a todos los miembros de los Vengadores. Y puede suponer un problema, sobre todo cuando en cada espacio hay batallas a diestro y siniestro. Puede costar un poco seguir el ritmo, puedes acabar extasiado de tanto cambio entre lineas, y ahí el montaje debe ser excepcional, y en este caso, no lo es del todo. No es que sea malo, pero tampoco es lo suficientemente preciso para enlazar lugares, argumentos y personajes diferentes. Así, te puedes encontrar con cortes muy rápidos en mitad de escenas intensas, aunque posteriormente, su resolución tengan una presentacion muy épica. No nos engañemos, el resultado final es espectacular, pero un poco deslavazado. Y por cierto, seguramente dejen para la secuela el plano con todos los protagonistas juntos, objeto de deseo de todos los amantes del MCU, que son muchos a lo largo de estos 10 años.

    Obviamente, otra de las consecuencias de tantos personajes es que algunos tengan muy pocos minutos en pantalla, como es el caso de Black Widow (Scarlett Johansson), Nébula (Karen Gillan), War Machine (Don Cheadle) o Falcon (Anthony Mackie), que pasan a ser muy secundarios, en beneficio de Bruja Escarlata (Elizabeth Olsen) y Vision (Paul Bettany), cuya línea argumental es, para mi, la peor de la película y muy metida con calzador. Lo que está claro es que la Trinidad de MCU son Capitán América, Thor y Iron Man, seguidos a distancia por el nuevo Peter Parker encarnado por Tom Holland (una de las mejores cosas que le ha pasado en MCU), Bruce Banner y su Hulk, y el más que sorprendente Doctor Strange (mucha culpa la tiene Benedict Cumberbatch), quien tiene alguno de los mejores momentos de la película, sobre todo en lo que a posturitas y gestos se refiere.

    En resumen, Vengadores: Infinity War es una montaña rusa de emociones, que pasa del humor al dramatismo, pasando por muchas dosis de acción, pero mucha. Se trata de un brillante ejercicio de puesta en escena de 10 años de trabajo por parte de Marvel, de películas a las que muchos tachan de infantiles y sin sustancia, pero que son muy entretenidas y que se consideran ya como un género propio. Sí, es cierto que muchas parecen calcos entre ellas, con la estructura típica del Periplo de Heroe de Campbell, pero que si se caracterizan de algo es que son entretenidas, cumpliendo con una de las finalidades del cine, el entretenimiento.

    Infinity War, en estos momentos la película más taquillera en el fin de semana de su estreno de la historia (630 millones de dólares en todo el mundo), es el primer paso hacia la culminación del proyecto más ambicioso de la Disney y Marvel, y casi de la historia del cine comercial. Es el propósito de esta última década desde el estreno de Iron Man, y cumple con creces y de manera brillante su cometido, a pesar de que por momentos podemos sentirnos abrumados por la cantidad de líneas argumentales, personajes y chistes. Y digo que es el primer paso puesto que, visto lo visto, el culmen de la milimétrica planificación del MCU y Disney en estos 10 años, se verá traducido en Avengers 4. Y solo queda un año para poder disfrutarlo. Hasta entonces, que disfrutéis de Vengadores: Infinity War.

  • La Guerra de las Galaxias y Joseph Campbell. El exponente del Periplo del Héroe

    Con motivo del estreno del Episodio VIII de La Guerra de las Galaxias, Los Últimos Jedis, este pasado viernes en nuestras pantallas, mis amigüitos de El Baúl de Kubrick me pidieron hacer un podcast para analizar la película original de La Guerra de las Galaxias desde el punto de vista del camino del héroe típico, que hemos visto en cantidad de filmes de aventuras, por ejemplo y sin remontarse mucho en el tiempo, en casi todas de Marvel. Sin embargo, ese camino del héroe fue tratado por Joseph Campbell en el libro El Héroe de las mil caras, y es una oportunidad estupenda para analizar la estructura de Star Wars desde el punto de vista de El Periplo del Héroe. Ojo, en este caso solo me voy a centrar en la película de George Lucas, pero vais a ver que, a medida que describa los pasos o etapas, muchas de las películas de aventuras que conocemos tienen el mismo esquema. 

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    Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana…

    La Guerra de las Galaxias no solo supuso un avance en la forma de hacer las películas, un pelotazo en cuestión de efectos especiales visuales y de sonido, sino que supuso la aplicación práctica de lo que se conoce como El Periplo del Héroe o Monomito, término acuñado por el antropólogo y mitólogo Joseph Campbell en su libro El Héroe de las mil caras, de 1949.  En él, Campbell describe, tras analizar muchos relatos épicos de todo el mundo, que los héroes de numerosos mitos de tiempos y regiones dispares comparten las mismas estructuras y desarrollos fundamentales. Tras el enorme éxito comercial de La Guerra de las Galaxias (recordemos que fue la iniciadora de los blockbusters, y con ella la carrera en busca de las grandes recaudaciones en taquilla), su estructura se utilizó en diferentes producciones hasta la fecha. La forma de contar la historia fue el gran triunfo de La Guerra de las Galaxias, y supuso un antes y un después dentro de la industria.

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    George Lucas se documentaba para el guion de La Guerra de las Galaxias con cuentos clásicos, ya que quería hacer una historia basada en el folklore épico del estilo de El Rey Arturo, Beowulf o Robin Hood, sin darse cuenta que todas esas historias compartían la misma estructura. Inevitablemente, La Guerra de las Galaxias se convirtió en el mayor exponente del Monomito, cumpliendo la casi totalidad de las etapas que describe Joseph Campbell en su libro. Incluso George Lucas cedió en 1988 su rancho Skywalker a Campbell y el periodista Bill Moyers para una entrevista que publicó la PBS llamada The Power of the Myth. Podéis ver diferentes videos de la entrevista, junto con otros que explica las diferentes etapas del Monomito en el canal de Youtube de Joseph Campbell’s Foundation. 

    El Periplo del Héroe

    00001Joseph Campbell, tras analizar diferentes cuentos, llegó a la conclusión de que en el monomito, el héroe arranca siempre desde su mundo ordinario y anodino. Éste recibe una llamada para penetrar en otro mundo, desconocido y lleno de acontecimientos mágicos y extraños para él. Tras aceptar la llamada, debe enfrentarse a pruebas o algún tipo de entrenamiento, solo o acompañado, por el que recibirá un gran regalo, don o poder. Después, el héroe decidirá qué hacer con ese don, es decir, volver a su mundo ordinario y mejorarlo, o quedárselo y emprender otros viajes, en los que siempre se enfrentará a nuevos problemas. Seguro que en este momento os vienen a la cabeza películas como Matrix, Willow, Doctor Extraño, Harry Potter, El Señor de los Anillos o El Reino de los Cielos.

    Y es que, un aspecto fundamental de El Periplo del Héroe es la aparición de un mentor, normalmente un anciano poseedor de un gran conocimiento o un gran poder, o como describe Campbell, un mago o tutor sobrenatural, quien presentará al héroe talismanes o artefactos que le ayudarán en su camino. Como sin duda estaréis pensando, este tutor acaba sacrificándose en pos del bien del héroe. 

    Etapas

    Campbell describe 17 etapas en el camino del héroe que normalmente comparten todos los relatos épicos que analizó en su estudio, aunque no necesariamente cada relato cumpla con todos los pasos. Teniendo en mente la película de George Lucas, voy a analizar todos los pasos, pero os hago un spoiler en forma de adelanto: La Guerra de las Galaxias cumple con 15 de los 17 pasos. De manera habitual, los 17 pasos del héroe se agrupan en 3 secciones diferentes: Salida, Iniciación y Retorno. Vamos a ver cada uno de ellos. 

    La Salida

    La primera etapa que nos encontramos es La llamada de la aventura. Al héroe le llega una información que hace las veces de llamada a un mundo desconocido. Ya os podéis imaginar a Luke viendo el holograma proyectado por R2D2 de Leia pidiendo la ayuda de Obi Wan Kenobi. Su mundo aburrido está a punto de desmoronarse.

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    Le sigue normalmente un Rechazo de la llamada, en la que el héroe se niega en un principio a responder a esa llamada por miedo, inseguridad o falta de valor. Luke siente que está apegado al tío Owen Lars, y que jamás podrá abandonar la granja de Tatooine.

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    Cuando el héroe está decidido a emprender la aventura (en el caso de Luke forzado por la muerte de sus tíos), recibe la Ayuda sobrenatural, que será el siguiente paso en el periplo. Se trata de la aparición de un mentor, guía o ayudante mágico, Obi Wan Kenobi, quien además le explica el funcionamiento mágico del mundo desconocido (la explicación de qué es la Fuerza). Y no solo eso, sino que le presentará al héroe un artefacto o talismán sobrenatural que le servirá para avanzar en su viaje. Exacto, el sable láser de Anakin Skywalker, su padre.

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    Una vez recibe la ayuda sobrenatural, llega el momento de Cruzar el primer umbral, momento en que el héroe abandona su mundo aburrido y anodino y se adentra en lo desconocido. A todos nos viene la imagen del Halcón Milenario saliendo del puerto espacial de Mos Eisley. Además, esta etapa confluye con el compañero de aventura, que sacará en un momento determinado de apuros al héroe, que no es otro que Han Solo y su primer oficial Chewbacca. Fuera de Star Wars, el ejemplo más claro de esta etapa la podemos encontrar en Samsagaz Gamyi en La Comunidad del Anillo, quien directamente dice: «Esto es lo más lejos que he estado de La Comarca». Frodo Bolsón y él se disponen a entrar en el mundo mágico y desconocido.

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    Para finalizar la sección de la salida, nos queda el paso que Campbell llama El vientre de la ballena, que representa la separación del héroe y de su mundo conocido, y que le somete a una metamorfosis. En el caso de Luke se trata su primer contacto con la Fuerza, cuando Obi Wan le comienza a instruir en la Fuerza. Su instrucción en la magia del mundo desconocido ha comenzado.

    La Iniciación

    Y justo de eso se trata el momento en que Obi Wan le entrega el sable láser, el comienzo de las Diferentes pruebas que todo héroe tiene que superar en su periplo. En muchas de ellas fracasará, aunque finalmente las pasará. Si nos acordamos, Luke comienza su instrucción en la Fuerza a bordo del Halcón, y tras unos intentos fallidos con el dron de entrenamiento, consigue bloquear 3 disparos láser.

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    Uno de los pasos más llamativos es el que Campbell denomina El encuentro con la Diosa, que por supuesto, se trata de la Princesa Leia, por la que el héroe siente un amor verdadero y profundo. Aunque luego la saga discurriría por senderos diferentes, no nos engañemos, todos pensábamos al ver La Guerra de las Galaxias que el héroe se quedaría con la Princesa, aunque esta princesa era algo diferente a las clásicas desvalidas y deseosas de encontrar un príncipe azul.

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    En este momento nos encontramos con el primero de los pasos que La Guerra de las Galaxias no cumple, que no es otro que la tentación en forma de la mujer, metáfora de las tentaciones físicas y materiales de la vida, y que pueden llevarlo a apartarse o abandonar su misión.

    En la siguiente etapa, la Expiación del padre, puede ser la más ambigua que nos encontremos en La Guerra de las Galaxias. El héroe debe enfrentarse y ser iniciado ante aquello que ostenta el máximo poder en su vida, que en muchos mitos e historias es el padre. Aunque si ponemos la mente en toda la saga, lógicamente pensamos a Darth Vader y en la misión de Luke de salvarle del Lado Oscuro. Pero si pensamos solo en la película original, puede considerarse aquí la necesidad de Luke de seguir los pasos de su padre, al comenzar su entrenamiento en la Fuerza. Se trata del punto central de la historia, ya que todos los pasos anteriores conducen a este momento.

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    Y justo después, Campbell da paso a la Apoteosis, que la describe como cuando alguien muere para vivir en espíritu. Si, nos ha descrito con pelos y señales el sacrificio de Obi Wan Kenobi en su enfrentamiento con Darth Vader. “El círculo se ha cerrado”.

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    Con el siguiente paso, el héroe logra el objetivo de la misión, aquello por lo que se ha esforzado. Se trata de El don final, y es que todos los pasos anteriores sirven para para preparar al héroe para este paso, para algo trascendente, como es la destrucción de la Estrella de la Muerte.

    El Regreso

    Quizás en este segmento Lucas no profundiza tanto en el periplo del héroe, quizás porque ya tenía en mente sus continuaciones y el arco argumental que tendría la saga. Aun así, podemos ver analogías en los pasos que Campbell describe.

    El primero es la Negativa a regresar, cuando el héroe, una vez completado su periplo, se niega a regresar sin entregar el don adquirido. Este no se cumple en La Guerra de las Galaxias, pero si se cumple el siguiente, el Vuelo mágico, en el que el héroe tiene que escapar con su don. Aquí todos nos imaginamos a Luke escapando de la Estrella de la Muerte a contrarreloj, ya con el conocimiento de la Fuerza.

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    Y si además, contamos con la ayuda de su amigo que ha conocido en su viaje, Han Solo, completamos el paso de El rescate exterior, ya que para Campbell, el héroe necesita guías y salvadores de gran poder que le conduzcan de vuelta a la vida cotidiana, más aún si este está en problemas. Por supuesto, la aparición del Halcón Milenario a última hora salvando a Luke de la persecución de Darth Vader.

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    Tras escapar gracias a la ayuda de sus amigos el héroe regresará, Cruzando el umbral del retorno, para conservar la sabiduría adquirida en su búsqueda y compartirla con el resto del mundo. Si miramos el desarrollo posterior de la película, Luke se entrena para conocer más el mundo de la Fuerza y así poder ser más valioso a la Rebelión en su lucha contra el Imperio.

    Los dos últimos pasos del periplo del héroe son El maestro de los dos mundos, o lo que es lo mismo, el logro de un equilibrio entre lo material y espiritual, entre el comienzo del dominio de la Fuerza y el mundo exterior; y La libertad de vivir, el último paso en el camino, que consiste en que el éxito logrado por el héroe le conduce a vivir sin miedo, sin temor a la muerte y sin miedo al futuro incierto. Y qué mejor escena liberadora existe en el cine que la entrega de medallas de La Guerra de las Galaxias, con la melodía de John Williams. Hay esperanza.

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    Aunque este análisis está pensado solo para la película original de La Guerra de las Galaxias, si tenemos en cuenta toda la saga original, los pasos se cumplen con igual precisión. Y si hacemos el análisis con las infames precuelas, nos encontramos de nuevo con el periplo del héroe, en este caso protagonizado por el padre de Luke Skywalker en su camino a convertirse en Darth Vader. Sin duda alguna, George Lucas estuvo muy influenciado por los cuentos clásicos, por los relatos épicos y por el folklore, pero lo estuvo más por Joseph Campbell y su Periplo del héroe descrito en El Héroe de las mil caras.

    Por cierto, en breve haré la crítica de Star Wars Los Últimos Jedis. Os aviso de una cosa, no me ha gustado nada de nada. Y os diré por qué.

    Y si habéis llegado hasta aquí, ¡la Fuerza es poderosa en vosotros!

  • Madre! Vuelve el Aronofsky más retorcido… Y pretencioso

    madre_poster_70x100_rgb.jpgEl 29 de septiembre se estrena en España Madre!, la nueva película escrita, dirigida y producida por Darren Aronofsky (Cisne Negro, Noé), y protagonizada por Jennifer Lawrence (Passengers, Los juegos del Hambre), y Javier Bardem (Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, Skyfall), junto a Michelle Pfeiffer (Sombras tenebrosas) y Ed Harris (El Renacido). Madre! Presenta a una pareja compuesta por un poeta en horas bajas y su esposa viven en una casa de campo aislada de la ciudad. Su relación se pone a prueba cuando reciben la visita de un extraño y su mujer, que un inesperada día hacen acto de presencia en su hogar. Desde ese momento, su existencia quedará perturbada por completo. Por otra parte, también logrará que el poeta recupere su inspiración perdida y empiece a escribir la obra que le traerá la fama que tanto deseaba.

    Sabiendo como es Aronofsky, el director crea una historia retorcida, llena de símbolos y algo pretenciosa, así como falta de detalles sobre los personajes, ya que ni se sabe sus nombres y apenas un poco del pasado del personaje de Bardem. Pero Aronofsky no es sino un artista tras las cámaras y deleita con la  gran maestría técnica y novedosa que se ve en sus antiguos trabajos, como en Requiem por un sueño, cinta que marcó toda una generación en el cine con la fragmentación en el montaje. Si bien, hay cosas que no terminan de cuajar, hay otras muchas por las que merece ir al cine a verla. La madre naturaleza, el destrozo de la tierra y el abusos de sus recursos, así como el falso amor y la hipocresía, el fanatismo, la religión… son las metáforas principales de Aronofsky en Madre! Toda la cinta está construida con cuidado para hacer llegar estás imágenes, donde todos los departamentos de la película aportan a que lleguen al espectador.

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    El sonido, por una parte, es lo primero que llama la atención, pues resalta cualquier ruido, desde remover pintura hasta las ascuas de una chimenea. Con el sonido acerca al espectador, le invita a entrar en la casa de los personajes y a estar pendiente de cualquier cosa. A esto le juntas la banda sonora de Jóhann Jóhansson (La Teoría del Todo), que aparece en los momentos clave con una increíble fuerza y acompaña las imágenes a la perfección, reforzando los mensajes que Aronofsky quiere hacer llegar al espectador. Por otro lado, la dirección de fotografía de Matthew Libatique (Cisne negro, Noé y Requiem por un sueño), y la dirección de arte de Isabelle Guay (La llegada, 300), trabajan de tal manera juntos, que parece lo más natural del mundo. Los tonos verdes, marrones y amarillentos van en tándem con toda la trama, apoyando la metáfora de la madre tierra más y más. Los contrastes de luz son preciosos, con tonos verdes y naturales al principio y naranjas al final, marcando los giros argumentales y, sobre todo, los diferentes estados anímicos del personaje de Lawrence. Así mismo, la fotografía se vuelve más oscura, casi llameante con los naranjas y amarillos, y los decorados y atrezzo, que siguen a Madre hasta el momento final, con cambios que le dan hasta humanidad a esa casa.

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    Pero lo más llamativo es la increíble sensación de agobio e incomodidad que Aronofsky logra con sus primeros planos y primerísimos primeros planos muy cerrados de Madre!, que llaman la atención por tener casi siempre a Lawrence (Madre) de protagonista, y planos subjetivos desde los ojos de ella. Estos planos tan cortos y cerrados del personaje de Madre contrastan y marcan la diferencia con los planos más abiertos del personaje de Bardem y el resto. Por otro lado, los movimientos de cámara, que sobre todo siguen a Lawrence, están perfectamente ejecutados, con los temblores de cámara acertados para transmitir la subjetividad y, sobre todo, conseguir que el espectador se convierta en Madre por momentos. A todo el arte de Aronofsky se le une el montaje, que, desde luego, consigue volver loco a cualquiera y, como los planos que he mencionado, trasmitir las emociones de Madre de una manera magistral. El montaje no es exagerado ni tiene nada especial a primera vista, pero lo que demuestra un dominio absoluto del lenguaje audiovisual.

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    En cuanto a las actuaciones, es Jennifer Lawrence la que brilla sin ayuda de nadie. Ella misma dijo que era lo más oscuro que había hecho, y lo es. Su actuación como Madre es la mejor de su carrera, llena de matices y nada forzada, no solo por el interés de Aronofsky de convertir al espectador en la propia Madre por momentos, sino por la empatía que la actriz ha sido capaz de trasmitir a cualquiera que vea esta película . Bardem, Ed Harris y Michelle Pfeiffer, no destacan tanto, pero aún así, son buenas actuaciones que acompañan a la de Lawrence con fuerza.

    El guión…. ¡Ay, el guión! Parece más un borrador que una versión acabada y revisada. La cinta es una gran alegoría a la madre naturaleza y el destrozo que estamos haciendo en este planeta, y esa parte impresiona por como decide contarlo, pero el guión queda flojo y falto de ritmo, así como pretencioso en algunas escenas y vomitando demasiada información en otras, los diálogos resultan muy básicos por momentos. Son las acciones de los personajes las que de verdad levantan este guión, que quiere funcionar de obra maestra pero se queda en una primera versión a la que todavía le faltan cuatro revisiones. En cuanto a ser pretenciosa, en ocasiones se trata al espectador de estúpido y se reparte información y explicaciones a diestro y siniestro, pero en otras ocasiones en Madre!,  se relaciona todo muy bien y lo muestra nullsin necesidad de lanzar información innecesaria.  Como he dicho al principio, las metáforas en Madre! son muy marcadas, pero si bien considero que la película tiene una de las mejores secuencias que he visto en mucho tiempo, también tiene una de las peores, esta última no porque no quede clara o esté mal hecha, sino porque su ejecución es terrible, cosa que sorprende porque la secuencia clímax de la película es, en mi opinión, una obra maestra bizarra y tan real como la vida misma. En esta misma secuencia, que es la mejor de toda la cinta, se representa al ser humano de la forma más auténtica posible; cómo la casa de Madre (y ella misma) representa tan bien la tierra, y como los humanos la destrozan sin piedad y esperan a que Madre haga algo nuevo; cómo no importa la naturaleza hasta que se necesita. Otro punto interesante del guión, es la poca información de los personajes y de la situación de estos, así como el lugar donde se desarrolla. Es interesante porque al salir de la sala uno se da cuenta de que no era necesario esa información, y eso no es algo fácil de conseguir. La marca del director estadounidense está en sus imágenes, en sus movimientos de cámara y en la intensidad con la que siempre hace sus películas, por eso la alegoría final, las relaciones visuales y el resto de simbolismo, aunque pomposo en varias ocasiones, queda bien en pantalla.

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    En resumen, no calificaría Madre! de obra maestra del director, pero sí una de las cintas más interesantes, retorcidas e intensas del año. Aunque pretenciosa por momentos, Madre! consigue no dejar indiferente al espectador a través de símbolos, metáforas e imágenes bastante duras, que con la ayuda de Jennifer Lawrence, la fotografía, sonido, montaje y el frenético estilo del director, consigue crear una mezcla extraña, pero intensa.

  • Valérian y la Ciudad de a quién coño le importa?

    Con algo de retraso (no, esta vez no el mio) respecto a la fecha de estreno, me decidí a ver la nueva película de Luc Besson Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, a pesar de que tenía muchas dudas sobre el director francés, sombra de lo que fue a finales de los 80 y comienzos de los 90, y arrastrado por los buenos comentarios en general que había leído en Twitter sobre la película (Twitter es el infierno en la “tierra digital”, pero para el cine, en ocasiones es el buenismo más empalagoso). Y en este punto, quiero justificar el porqué de mis dudas con Luc Besson, a la vez que le dedico unas líneas que, sin duda merece este otrora gran director, y que regaló a la industria del cine (y a mi) tres de las más grandes películas europeas que he visto en mucho tiempo: Nikita, El Gran Azul y, sobre todo y ante todo, Leon: El Profesional. Pero no fue hasta su siguiente proyecto que acaparó todas las miradas de Hollywood, mientras otros se rendían a su calidad, visión, su forma de rodar las escenas de acción y su habilidad con la dirección artística. Hablo de El Quinto Elemento, una cinta de ciencia ficción muy centrada en la acción, marca de la casa de Besson, muy llamativa visualmente, pero que tenia una propuesta muy facilona y básica en forma de guión inocente, basado en el manido tema del amor. Se cuenta que Besson la escribió cuando solo tenía 16 años, y realmente, se nota en la propuesta.

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    DA-jEcwWAAAxDIg.jpgEl pelotazo que supuso El Quinto Elemento le permitió hacer realidad el sueño de llevar a cabo su proyecto más personal: Juana de Arco. De nuevo contó con Milla Jovovich y con un reparto estelar, pero supuso un batacazo brutal que ni siquiera recuperó en taquilla lo que costó. Y lo que es peor, casi acabó con su carrera. Tras esa, su vuelta más destacable fue con un thriller de ciencia ficción protagonizado por Scarlett Johansson llamado Lucy, una suerte de Ghost in the Shell, pero que tampoco alcanzaba la calidad que una vez tuvo el cine de Besson.

    Ahora, el realizador francés aterriza de nuevo a las pantallas con Valerian y la Ciudad de los Mil Planetas, un thriller de ciencia ficción en el que pretende retomar el éxito que obtuvo con El Quinto Elemento, hace más de 20 años. La cinta, protagonizada por Dane DeHaan y Cara Delevingne, basada en comic francés llamado Valerian y Laureline, que ha recibido buenas críticas y que parece que ha devuelto a la palestra al bueno de Besson. La película se basa en la serie francesa de ciencia ficción Valérian y Laureline, escrita por Pierre Christin e ilustrada por Jean-Claude Mézières. Valérian y la Ciudad de los Mil Planetas nos cuenta la historia de los dos agentes especiales a quienes el Ministro de Defensa les asigna una misión en la estación espacial Alpha, una especie de cajón de sastre donde conviven miles de especies de todo el universo y en donde se oculta un misterio en su centro.

    Disculpadme, me he explayado más de la cuenta hablando de Luc Besson pero insisto, de verdad, para mí fue un precursor en mi visión del cine de acción y posterior referente, uno de los primeros que descubrí y que me atrapó. Por eso quería al menos dedicarle este pequeño homenaje al maestro del cine francés de acción, porque a continuación voy a despellejar, sin piedad ni miramientos, Valerian y la Ciudad de a quién cojones le importa?

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    Tras un aspecto visual brutal (no en vano, repite Thierry Arbogast, director de fotografía de El Quinto Elemento, y eso se nota), se esconde una de las historias más plana, simple, inocente y babosa que he visto en mucho tiempo. Y mucha culpa la tiene la nefasta elección del casting, que pretende que nos creamos que Dane DeHaan, que interpreta a Valérian, sea un matón de virilidad disparada, asesino e inteligente, y que, por su parte, nos creamos que Cara Delevingne, que interpreta a Laureline, sea una actriz. De verdad, no sé de quién fue la idea de convencer a esta chica que tenía talento para actuar, no está bien engañar así a la gente. Suyos son los diálogos más infames de la película, una suerte de frases para ver quién es más chulo de los dos, uno pidiéndole matrimonio y con fama de mujeriego y la otra diciendo que no y soltando chascarrillos tópicos. Los dos compiten por ver quién tiene la frase más chorra, honor que parece que recaerá en DeHaan, hasta que Delevingne suelta un “el amor lo puede todo”, y en ese momento, tras dos minutos de revoltijos en mi butaca, y tres de espuma blanca por la boca, tuve claro que suyo era el premio a la frase gilipollesca de la peli.

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    Pero hete aquí que ese momento infame, lo desencadena la aparición del personaje de Rhianna, en una escena que no aporta absolutamente nada ni a la trama (la cual tampoco necesita mucha aportación extra), ni al ritmo de la película, y todo para marcarse un videoclip musical transformista, y concluir con otra de las frases chorras de la peli: “cuidaros el uno del otro y quereros”, o algo asi. De verdad, guionistas del mundo, la próxima vez que escuche una frase del estilo en una sala de cine, juro que la quemo. Tanto amor y tanta leche… Sed originales! Intentadlo! De verdad!

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    A lo largo de Valérian y la Ciudad de a quién cojones le importa? desfilan otros personajes, a la que la propia historia apenas les da interés. Clive Owen hace de villano de turno, un personaje que decide en una escaramuza disparar unos misiles cuyo objetivo cae derribado en un planeta vecino, y decide ocultarlo al mundo, para que no le castiguen, cual niño pequeño que ha roto un jarrón jugando al fútbol y le dice a su hermano que no se lo diga a sus padres. En fin, algo ridículo. Aparece por ahí también un Ethan Hawke que no sabe muy bien a que fue al set del rodaje o qué es lo que queria hacer; un general llamado Okto Bar, personaje interpretado por Sam Spruell, quien es todo buenismo. Cabe destacar la aparición al comienzo de Rutger Hauer, y cuenta con las voces de John Goodman y de Elizabeth Debicki. Bueno, en fin, todo reducido a la más absoluta simplicidad, hasta insultante de verdad. Un desastre.

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    La acción de Valérian y la Ciudad de a quién cojones le importa? es más bien atropellada y se desarrolla a trompicones. A pesar de ser una space opera, nos encontramos con situaciones más bien aburridas y poco aprovechadas, a pesar del comienzo tan prometedor, incluso fascinante, con la evolución en forma de saludo de la humanidad y el contacto extraterrestre (con el Space Oddity de David Bowie de fondo), la presentación de los Pearl (reíros ahora de los Na’vi de Avatar), y sobre todo, la escena del Gran Bazar multidimensional, escena arriesgada y diferente, justo lo que le pedia a la película. El resto es muy olvidable, con escenas de tiroteos ridículas, dos salitos mal dados del doble de Dane DeHaan, y una batalla galáctica mal desarrollada y sobre todo, mal explicada, que podría haber sido memorable gracias a los diseños de las naves (yo quiero saber la historia y quién está detrás de la nave estilo calamar que cae en el planeta).

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    En fin, tal y como me pensaba, mis dudas a la hora de ir a ver Valérian y la Ciudad de a quién cojones le importa? estaban justificadas. Luc Besson no acierta con la tecla desde El Quinto Elemento. Y he de reconocer que en esta ocasión me duele un poco más que con Lucy, por ejemplo, ya que creo que tenia mimbres para hacer algo entretenido, poder centrarse en cosas interesantes y propuestas curiosas dentro de la ciencia ficción, pero decide centrarse en las cosas chorras y simples de la ya de por sí, historia siiiiiiiimple y choooooooorra. Empieza a ser algo habitual en el cine de Hollywood. ¡Ah! Y por favor, por las pelotas del mismísimo Chinotauro, que alguien le diga de una vez por todas a Cara Delevingne que no es una actriz. Nos hará un favor a todos, y a ella también.

    https://youtu.be/E3AXU32eO_0

  • Carta abierta a Guy Ritchie y su Arthur del Bronx

    Querido Guy,

    Sólo tenías un trabajo con Rey ArturoRead the book and follow the instructions.

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    ¿Fácil eh? Pues no, ni corto ni perezoso te levantas de buena mañana y antes de que empiece la película, ya me has metido entre pecho y espalda una pirámide escalonada que ni Tenochtitlan, por empezar la película con consistencia argumental.

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    Que no es por ser purista, bueno si, pero tienes historias sobre Arturo escritas desde hace más de 1000 años amigo, no podías haberte ceñido un poco al canon, lo básico para no mutilar el folclore británico milenario así, venga, en 120 minutos. Que no te pido ya que plagies Malory entero pero que menos que Merlín.

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    O como mínimo, haz el favor de respetarme la genealogía, que me has convertido a Mordred en brujo ultra poderoso cuando ya le vimos como niñato de tortazo en la cara en Excalibur a ritmo de O Fortuna.

    Por favor, estad muy muy atentos a la segunda escena de la película porque igual sólo la vemos 350 veces más en flashbacks y nos saltamos algún detalle, que se ve que Guy sabe que nos despistamos fácil con ese humor de ghetto de Arturo y sus colegas, y lo mismo nos perdemos el eje del asunto, que viene a ser algo que nadie se imagina, que el rey que tiene pinta de malote (también conocido como “Vortigern del fascismo se sale, de la magia negra no”), y ha traicionado a su hermano Uther para ocupar el trono. El clásico Juan sin Tierra vs Ricardo Corazón de León de toda la vida… A ver si se te ha traspapelado el héroe británico Ritchie y lo que querías hacer era Robin Hood.

    Lo de la arquitectura de este sitio es un sinvivir. Pronto descubrimos que la pirámide es lo de menos, resulta que Sauron se dejó a medio construir una torre con su ojo de fuego y todo en medio de Camelot, por no hablar del archiconocido Coliseo de Londinium que estaba en el mismo centro, donde tienen ahora la Noria, pues ahí mismito! Aunque se ve que lo de Vortigern es fascismo del bueno porque los embalses le funcionan fantásticamente, hasta le revelan la espada perdida.

    La verdad es que para ser el rey prometido Arturo tiene poca suerte, no sale de casa de buena mañana y le para la guardia civil:
    – A ver, documentación.
    Y Arturo que es de clase obrera como todos nosotros le contesta:
    – Mire señor, que no he tenido tiempo de hacerme el carnet de socio porque tengo mucho curro.

    unnamed (3)Y claro se lo llevan detenido porque no puede uno andar indocumentado por la vida, a quién se le ocurre. Como es un tío ocupado, y los minutos corren, se salta la cola del carnet porque rey se nace. Todo iba sobre ruedas, hasta que llega a la espada y claro, le capturan porque Beckham está comentando el último derby y lo tiene fichadísimo que sabe que es hincha del West Ham United y lo lleva fatal.

    Rey Arturo es tan buena que Merlín se ha negado a aparecer y ha mandado a la becaria de Erasmus a Londinium y allá te las compongas con su majestad, el Arthur del Bronx. La becaria controla un águila, espera, ¿un águila?

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    Eh, eh, eh ¿Dónde está Arquímedes? Devuélvanme mi dinero…

    Después de capturar Arturo aparece Maquiavelo disfrazado de Jude Law, para contarte qué sí, que lo de ser un héroe es muy bonito, pero que aquí lo importante es aterrorizar al populacho, que es como mejor se le controla. Y para demostrar su punto, se marca una performance fascista, estilo concierto de Queen con Freddy Mercury arengando a su público (que Freddy me perdone) que parece dirigida por Leni Riefensthal con sus saludos a la romana y todo para darle más emoción.

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    Y a partir de aquí empiezan una serie de flashbacks mezclados con flashforwards que, para cuando te quieres dar cuenta, llevas un viaje de ácido que ni Hal en 2001: Una Odisea del Espacio, y ya ni sabes que parte de la trama ha ocurrido y que parte eran movidas mentales. Todo esto mientras intercalamos persecuciones, escenas de acción sin ton ni son y chinos karatekas, todo a cámara lenta pero caótica, para que el viaje de ácido de antes te parezca un paseo.

    Y llegamos al clímax de la película, por fin Arturo acepta su destino y se enfrenta a Vortigern para demostrarle que de fascismo nada, que aquí manda su polla Inglaterra. Pero claro te has dejado el presupuesto en anfiteatros y torres mágicas y la batalla final parece sacada del Kingdom Hearts. Arturo contra el minotauro, porque claramente lo que le faltaba a esta película era mitología.

    Olifantes, basiliscos, minotauros, kraken/górgonas… ¿Qué es esto Inglaterra, Grecia, Hogwarts, La Tierra Media? Aclárate que me tienes loca.

    Y cuando todo parece perdido, el malo maloso se toma un descanso reflexivo para darle tiempo a Charlie Hunnam a sobrellevar los efectos de las drogas mágicas y de las que llevaban cuando escribieron el guión, y en un alarde de chulería que tiene más de Jax Teller que de Arturo Pendragon, se alza con la victoria y se corona rey de toda Inglaterra. Bueno, de toda o de la que le dejen los vikingos esos que rondan por toda la película, porque en Noruega se lleva el turismo de prostíbulos y playas.

    Y con esto concluye, con un par de imágenes del nuevo reinado de paz y prosperidad que, básicamente, es lo mismo que hacía en el barrio pero a escala estatal. Un reinado como mandan los cánones con casinos redondos y furcias.

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    ¿Que diosismo es este Arturo, que te llevas a medio prostíbulo de acto oficial?

    Porque claro está, todos los personajes femeninos de la película o son prostitutas o son sirvientas o son madres/hijas, porque para que más, si total, tenemos una maga sin nombre, y tirando que es gerundio. Que hasta el último pardillo del ghetto de Arturo tiene nombre y el Rey se lo sabe, sí, porque es muy campechano, pero a nadie se le ha ocurrido preguntarle a la Moza. Todo muy sutil, no vaya a ser que quieras convertirla en Morgana en las películas que te queden por hacer y venga yo aquí a fastidiarte la surprise. Como Arturo se dedica a tirarle fichas sin sentido, qué mejor que meter un poco de rollo incestuoso que con Juego de Tronos está muy de moda… Como se entere Ginebra verás la que se lía. Pero eso ya lo dejamos para posteriores entregas junto con Lancelot y la esencia de las novelas de fantasía y de caballerías que tan bien has fusilado durante las dos últimas horas.

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    Llámalo como quieras Ritchie pero esto ni es Camelot, ni es Arturo, ni hay Materia de Bretaña que lo sustente. Que te perdonen Malory, Troyes y compañía porque yo, no puedo.

    Andrea Ordóñez es Graduada en Historia con Máster en Estudios Medievales Hispánicos y próxima Doctoranda en Lengua, Literatura, Historia y Pensamiento. Medievalista con aspiraciones imperiales, es repelente, pedante y freak. La odiarás, pero es adorable.

  • Dunkerque. Un viaje sensorial hacia la supervivencia

    Por fin llega a nuestras pantallas la nueva película de Christopher Nolan Dunkerque, tras su particular actualización de 2001: Una odisea del espacio con Interstellar. En esta ocasión, el director británico nos traslada a la Segunda Guerra Mundial, en concreto a las playas de la ciudad costera francesa de Dunkerque, en las que quedaron atrapados en junio de 1940 casi 400.000 soldados británicos, franceses y belgas, bajo el ataque de las tropas nazis de Hitler. La película narra el desarrollo de la Operación Dinamo, o lo que es lo mismo, la evacuación urgente de los soldados allí atrapados, muchos de ellos gracias a casi mil embarcaciones pequeñas de civiles, movilizados para rescatarlos.

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    Para narrar la Operación Dinamo, Christopher Nolan pone el foco de la narración de Dunkerque en tres espacios físicos diferentes, pero que no comparten el mismo espacio temporal. Nolan retoma su obsesión por el tiempo, después de tratarlo de manera brillante en Interstellar, pero aquí lo perfecciona, haciendo de toda la cinta una suerte de teseracto como el que aparece en la última escena de la anterior película. El primero de los focos nos coloca en la playa, justo en el muelle que sirve de último paso para embarcar en los escasos barcos que llegan, y cuya acción transcurre en una semana; el segundo nos sitúa en la embarcación de Mark Rylance, representante de las casi mil embarcaciones que fueron en busca de los “hijos” atrapados en la playa, y cuya acción transcurre en un día; y el tercero nos coloca en la cabina de dos Spitfire, cuya misión es proteger a los soldados y embarcaciones de los ataques de los Stukas y los Heinkel desde el aire, y la acción se desarrolla en una hora. Tierra, mar y aire, con tiempos diferentes que representan la relativa sensación de velocidad de su transcurso en los sucesos que se desarrollan, y que por supuesto, convergen de manera magistral en un punto concreto, climax absoluto de la película, a pesar de que previamente cada una de las líneas argumentales tienen varios mini climax (muy típico de Nolan). Cuesta al principio habituarse a la estructura narrativa, pero el resultado es magistral.171291.jpg

    No solo ese aspecto convierte a Dunkerque en una película bélica diferente. De hecho, más que una película de guerra, se trata más de una película de supervivencia a contrarreloj, en la que el tiempo juega un papel fundamental en la velocidad, con la que el agobio y la desesperación nos invade. El aspecto más llamativo que Nolan usa para hacer Dunkerque diferente, es algo inaudito en el género bélico (insisto, aunque no la considere de ese género), esto es, la construcción de un relato de guerra en el que hay ausencia de héroes, enemigos visibles en pantalla, batallas encarnizadas y violencia, rompiendo con todas las normas maniqueístas establecidas en todo conflicto.

    A lo largo de todo el metraje, el más corto de las últimas películas de Nolan, no vemos ningún soldado nazi enemigo, no vemos ninguna esvástica. De hecho, ni siquiera distinguimos a los Stukas alemanes fácilmente, más allá del morro amarillo clásico (que por cierto, son Messerschmitt Bf-109E, pero los usaron para distinguirlos un poco más de los Spitfires). Pero tampoco hay héroes en el bando aliado, y el que hay no se le ve la cara hasta el plano final, que comparte con la figura de un soldado nazi desenfocado, única concesión (y poética) a esa visión clásica de buenos y malos en la guerra. Por no haber, no hay apenas nombres propios en los Aliados (solo el del héroe enmascarado), y es que para qué, ya que por no haber, no hay casi ni diálogos, salvo para reconocer que han sobrepasado las expectativas del rescate. Y eso, lo que consigue es reducir una película bélica a la supervivencia más cruda y a la agonía más intensa.

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    Nolan nos lanza a la playa de Dunkerque con el único propósito de llevarnos, a través de un viaje sensorial en formato audiovisual extraordinario, al mismo corazón de la desesperación, y logra que tengamos que pelear con nuestras escasas armas para escapar del terror y del precipicio que se nos propone en forma de playa y mar. Y lo hace sin concesiones. Las inmensas imágenes apabullantes que consigue con el formato IMAX y los 70 mm, se contradicen con la sensación de agobio provocado por los espacios cerrados, como el de la bodega de un barco encallado, o el muelle atestado de soldados que desesperan por entrar en un navío, o la claustrofobia de una cabina de los Spitfire.

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    Por su parte, el sonido se vuelve la principal arma de Nolan para encoger nuestros corazones, con un volumen por encima de lo normal, algo que ya probó en Interstellar. Los disparos de los cazas son tremendos, las explosiones de las bombas (apenas 4 o 5 en toda la película) retumban en la caja torácica, pero lo más aterrador es el sonido de los Stukas cayendo en picado, que hacen que el pánico que sienten los soldados en la playa traspase la pantalla y se cuele en tu corazón. Como viene siendo habitual en sus películas, los efectos de sonido están acompañados por una banda sonora desasosegante, con intencionada estridencia, machacona en cuanto a ritmos, inspirada en el tic tac de un reloj y que consigue que todo el sentimiento de agobio, desesperación e ir a contrarreloj, aumenten de manera exponencial.

    Y todo ello te empuja a un final emocionante, liberador como el vuelo sin motor del Spitfire, carente por fin de sonido alguno, rodeado de planos magníficos de inmensidad de playa vacía, que provoca sensación abrumadora de liberación, de final de toda la desesperación vivida como un golpe emocional. 

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    En definitiva, Dunkerque es una de las películas más influyentes, grande y a la vez intimista, que ha dado el cine moderno, un viaje emocional de los sentidos sin parangón en la historia del cine. Todos los amantes del séptimo arte vibramos con el comienzo de Salvar al Soldado Ryan y decíamos, esta es la mejor película bélica que hemos visto. Nolan ha reinventado el género, con un giro hacia la desesperación en sustitucion de la violencia, es decir, quitando la guerra en su discurso. Sí, Nolan será pretencioso, snob, resabido, pero es el gran director de esta época que vivimos ahora, diferente, arriesgado, controlador, perfeccionista y equilibrista, y así lo demuestra sobradamente en Dunkerque. El uso del IMAX, la fotografia de Hoyte van Hoytema, unidos desde Insterstellar tras separarse de Wally Pfister después de la trilogía de El Caballero Oscuro, el sonido y la conjunción de la banda sonora de Hans Zimmer con las imágenes y la emoción, la apenas aparición de CGI, los ojos asustados de Fionn Whitehead y la ausencia de buenos y malos, hacen que Dunkerque sea apabullante.

  • La Guerra del Planeta de los Simios. ¡Ave César. La gilipollez del ser humano te saluda!

    Por fin llega a nuestras pantallas La Guerra del Planeta de los Simios, la última entrega de la trilogía que hace de precuela de El Planeta de los Simios, la mítica película de 1968 dirigida por Franklin Schaffner e interpretada por Charlton Heston. Tras la sorprendente El Origen del Planeta de los Simios, de Rupert Wyatt, y la magnífica El Amanecer del Planeta de los Simios (para mí, la mejor), de Matt Reeves, nos llega la conclusión de la historia de César y su revuelta frente a los humanos. De nuevo Reeves se pone a los mandos de la dirección, con Andy Serkis haciendo de César, y la incorporación de Woody Harrelson como su antagonista humano. Visto el nivel de calidad alcanzado por la trilogía, estoy seguro que llegarán nuevas entregas.

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    Tras el enfrentamiento en San Francisco entre los simios, liderados por César (Andy Serkis), y los humanos, la guerra entre especies ha estallado. Los simios, cada vez más inteligentes gracias al retrovirus ALZ-113 que desarrolla James Franco en El Origen del Planeta de los Simios, se enfrentan a los humanos por su supervivencia, a la par que buscan su hogar (César actúa como una especie de Moisés simio, liberando a su pueblo de la barbarie Humana y conduciendo el Éxodo a través del desierto hacia la Tierra prometida). Los humanos mientras, se enfrentan a los efectos secundarios de una mutación del virus, que afecta a su sistema cognitivo, comenzando con el habla y que amenaza su posición como especie dominante del planeta Tierra. La aparición del Coronel (Woody Harrelson) hará empeorar las cosas para los simios, y se enfrentará directamente con César para decidir cuál de las dos especies sobrevivirá.

    La Guerra del Planeta de los Simios es la más intimista de toda la saga, en la que además se presentarán decisiones morales, tanto en el personaje de Woody Harrelson como en el de César, ya que ambos se mueven desde la venganza personal, aunque uno anteponga el grupo en favor de uno mismo. Los dos tienen fantasmas que les persiguen, pero la visión de futuro como especie está muy definida en cada uno de ellos. Uno tiene asumido su destino, y se mueve desde el remordimiento, la negación y la desesperación.  El otro lo asume con esperanza y con la perspectiva de lo que pueden ser como especie si se mantienen unidos. Dos posturas muy bien motivadas, la desesperación frente a la esperanza, en la que sólo una puede prevalecer. Y esa será la de los simios, porque el ser humano es insensible, auto destructivo y no tiene piedad. Pero por encima de todas esas razones, prevalece una: el ser humano es profundamente gilipollas.

    Y es que el gran desarrollo de la película se viene abajo por un detalle ridículo que detona el desenlace, producto de, para mi, un fallo de guión impropio de la saga, tan bien construida a lo largo de las dos anteriores películas y en la primera hora de ésta. Y ese fallo viene en forma de Soldado Patoso, que provoca que los simios se pongan en movimiento y se sucedan situaciones se hacen incomprensibles desde el punto de vista de la lógica, como la poca vigilancia que tienen los simios, la posesión de los “Hombres de Harrelson” por el espíritu de los Stormtroopers, por aquello de la puntería vaya, y la construcción de determinados artefactos explosivos cerca de construcciones de contención. En fin, elementos de películas más descerebradas y con menos pretensiones. Un borrón a un muy buen trabajo general, perdonable visto el resultado final, pero que pesa y del que no se puede ser ajeno.

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    A diferencia de la segunda, que es un poco más difusa en lo que a posicionamiento se refiere, en La Guerra del Planeta de los Simios empatizamos con los simios desde el primer momento, ya que son los encargados de poner los momentos sentimentales y emotivos a la película. Por el contrario, son los humanos lo que se nos muestran “deshumanizados”, con personajes desprovistos de nombres, convertidos en animales que incluso aúllan, responsables del “ape-pocalipse now” (juego de palabras con Ape – Simio) que pretenden hacer. Y es que Apocalipsis Now es la inspiración más clara de la película, con un tono bélico muy marcado, pero al que le falta un enfrentamiento más crudo y directo entre humanos y simios.

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    Lo que no se puede cuestionar es la calidad del apartado técnico de la película. Llega un momento en la película que piensas que los simios son de verdad, que los han entrenado para hablar. Tal es el nivel de expresividad de César, gracias tanto al CGI como a las dotes actorales de Andy Serkis, que asombra y hace dudar de que no sea real. Y es que lo de Serkis es ya merecedor de un Oscar. Pero en esta ocasión no está solo en los momentos brillantes, Steve Zahn actúa de contrapunto humorístico, que consigue ser la liberación cómica de la película en momentos clave, y se agradece. Woody Harrelson borda su papel de Coronel, con muchísimas reminiscencias del Coronel Kurtz (incluso homenaje con el afeitado de la cabeza). Mención aparte merece de nuevo la banda sonora de Michael Giacchino, quien ya nos tiene acostumbrados a partituras hipnóticas que cuadran a la perfección con las imágenes.

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    La Guerra del Planeta de los Simios es la conclusión brillante a esta saga precuela de El Planeta de los Simios. Creo que podría haber sido mejor película de lo que es, corrigiendo esas situaciones un tanto bochornosas del desenlace, y añadiendo más enfrentamiento bélico entre simios y humanos, pero cumple con creces su misión. Aun con esos momentos que chirrían bastante, se trata de una película muy superior a la media, muy bien rodada, muy bien montada, muy bien estructurada que supone un cierre a la altura del personaje de César. Es necesario hacer un Change.org para que, de una vez por todas, le den un Oscar a Andy Serkis. ¡Pero ya!

  • Alien Covenant, o cómo seguir destrozando una leyenda del cine

    Os lo reconozco. De vez en cuando (más de lo que me gustaría), soy masoquista.

    masoquismo
    nombre masculino
    1. Conducta sexual en la que se obtiene la excitación y la satisfacción sexual a través del propio dolor físico o psíquico, la humillación, la dominación y el sometimiento.
    2. Disfrute o placer que se experimenta con un pensamiento, situación o hecho desagradable o doloroso.

    Si os parece bien, nos centramos en la segunda acepción, aplicada en especial al cine. De la primera hablamos en otra ocasión. Pues bien, el sábado me dio por visionar de nuevo Alien Covenant, la última fechoría de Ridley Scott tras Prometheus. Y lo peor es que la comete con el xenomorfo que él mismo hizo famoso no, mítico, allá por 1979. Y es que, como no tuve bastante en el cine, con un constante facepalm y de la que no me salí de la sala porque iba acompañado (cosa rara), pues decidí verla de nuevo por si me había perdido algo. En fin, que soy masoca, y quizás sea consecuencia de no poder hablar de mi experiencia en la primera acepción de la definición. ¡Mejor me iría!

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    No voy a hablar de Alien, todo el mundo la conoce y sabe que es una de las mejores películas del género de terror, ambientada en el espacio y desarrollada en escenarios claustrofóbicos. No hablo de la segunda (casi mejorada por James Cameron), ni siquiera de las sucesivas, ya que me centro en la obra maestra de Ridley Scott. Ya con Prometheus me llevé un chasco tremendo, porque el punto de partida de la historia me parecía muy prometedor, es decir, quién era el space jockey que aparece en la cinta original. Y claro, prometía hasta que se metió en berenjenales cósmicos metafísicos pajilleros sobre la búsqueda de los creadores, los dioses y los androides cabroncetes que imitan a Peter O’Toole. Todo un despropósito, sin xenomorfo de por medio (bueno, habia una cosa que tenía un aire al xenomorfo), con decisiones gilipollescas de los protagonistas, en fin, todo demencial.

     

     

    Ridley Scott reconoció que se había equivocado con Prometheus, y se plantó con Alien Covenant, en la que prometía recuperar la esencia de la película original. Nos iba a contar la historia de una nave colona que se dirige a un planeta y que se ve obligada a cambiar de rumbo y, claro, se encuentran lo que se encuentran. Parecía con los trailers que iba a recuperar la esencia de Alien, ya que podíamos ver al xenomorfo original y diversas escenas que recordaban a la clásica. Y nos emocionamos, al menos yo. ¡Qué iluso! Al final, Alien Covenant es una secuela directa de Prometheus, en la que vuelve a contar con Michael Fassbender, que interpreta al androide ya conocido David, y al nuevo llamado Walter, que se convertirán en Walvid. El resto del reparto se la pela porque son carnaza para el bicho y así convertir Alien es un slasher.

     

     

    Alien Covenant vuelve a cometer los mismo errores que en Prometheus, es decir, la pretenciosidad, los dioses, la búsqueda de los creadores y su puta madre metafísica, hasta el punto de que en la lamentable y pretenciosa primera escena, nos diga que David se hace un cabrón porque su creador, Peter Weyland le hace servirle un té. Los problemas de guión en la película son de bulto y muy graves. De nuevo tenemos una nave que manda a tomar por culo sus planes científicos, elaborados durante décadas, porque reciben una llamada de socorro de un planeta en apariencia habitable, en el que pueden establecer la colonia que llevan. La decisión la toma el capitán nuevo (que curiosamente es religioso profundo y eso le convierte en extremista. Tela), quien releva a James Franco, muerto a las primeras de cambio y sin apenas sumar 5 minutos de tiempo de pantalla. Pues pallá que van, y bajan a puerta gayola, sin tener en cuenta el safety first y dando por bueno los datos del ordenador de la nave sobre la atmósfera. Y claro, pasa lo que pasa… Se infectan con esporas que se meten hasta en el ogt de los exploradores de palo, con especial ensañamiento con el fumador de la misión (¡que fijación por favor!). Y de repente, aparece el primer neomorfo, o xenomorfo o morfomelapolla y desde ese momento, se lía parda. Ojo, el bichito de marras da patadas voladoras karatekas asi, con media vuelta y todo.

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    Pero los momentos más ridículos están por llegar, y todos ellos protagonizados por Walvid. El momento de más vergüenza ajena es un plano en que comparten una flauta y le enseña a tocar, mientras discuten acerca del amor, de su creador humano y demás leches, todo ello con el acento inglés de David, que así le da como que más empaque y suena más culto y rimbombante. Claro, la escena termina en otra secuencia, con un beso fraternal entre los dos, antes de que David de por finalizado el Walvid. Bochornoso. Pero antes le sobra tiempo para citar a Shelley y su Ozymandias (no podía faltar una cita de un poeta británico) mientras nos explica como aniquiló a los ingenieros (tan listos no eran los cabrones) y nos cuenta que el xenomorfo es producto de la ingeniería genética de David, el destructor de mundos trastornado porque su creador le pidió poner una taza de té. Tremendo.

     

     

    A partir de ese momento, la película se convierte en un slasher de muertes por decapitacion, parejas atravesadas en la ducha mientra estan follando (l amejor manera de destraumatizarse de todo lo que les ha pasado…) y de escenas copiadas de Alien, pero con luces rojas que molan más. Y la guinda la pone el otro momento ridículo, además impropio de Ridley Scott, y es tomarnos por gilipollas cuando nos hace pensar que el androide que se sube a la nave es David en lugar de Walter, y claro, la lia parda a su manera.

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    En fin, Alien Covenant es infame, dicho claramente. Es un insulto a la inteligencia del pobre cinéfilo de bien que confía en Scott, sobre todo después de Marte, y piensa que hay que darle una oportunidad, a pesar del esperpento de Prometheus. Y es que comete los mismos errores de bulto que en la anterior, esto es, protagonistas estúpidos, decisiones gilipollescas y situaciones ridículas y bochornosas. Alien no es esto. Alien es un bicho que se esconde de puta madre, que te aparece de debajo de las piedras y te come con la boca esa que le sale de la boca, joder. No me hables de dioses, complejos creacionistas, preguntas metafísicas, ingenieros y demás leches. Y lo peor es que Scott ha dicho que quiere hacer más, y yo solo pienso en el pobre Neil Blomkamp, que le jodieron su Alien 5 por este… bodrio.

    https://twitter.com/sincriterion/status/883799942720102400

  • Wonder Woman: Un pasito palante Diana (y un pasito patrás)

    wonder_woman_xlgRodeada de mucha expectación debido a las buenas críticas cosechadas allende los mares, llega a nuestras pantallas Wonder Woman, la película en solitario dedicada a la heroína de DC Comics, Diana Prince, princesa de Themyscira e hija de Hipólita, después de que tuviese su puesta de largo en la infame Batman v Superman, interpretada por Gal Gadot. Se trata además de la primera producción de temática de superhéroes protagonizada, interpretada y dirigida por una mujer, lo que no necesariamente signifique que sea una película feminista (que no lo es). A los mandos de la adaptación está Patty Jenkins, responsable de la más que notable Monster (muy recomendable este post de la página We Slay sobre el tema) Pero claro, se nota la mano de Zack Snyder es muy larga, y en Wonder Woman hay mucho de Zack Snyder. ¿Cumple las expectativas? Desde mi punto de vista, rotundamente no, aunque tiene cosas destacables y es un paso hacia delante por parte de Warner y DC.

    Como parte de la Trinidad de DC, junto con Batman y Superman, Wonder Woman estaba pidiendo a gritos una película en solitario, una vez que apareciese en Batman v Superman, y sobre todo de cara a Justice League, iniciada por Zack Snyder y que terminará Joss Whedon tras el abandono del primero por el suicidio de su hija. Diana, princesa de las Amazonas, es entrenada para ser una guerrera invencible. Hija de Hipólita (Connie Nielsen) a quien le insufló vida el mismísimo Zeus, vive en una isla paradisíaca protegida. Hasta que un día un piloto norteamericano (Chris Pine), que tiene un accidente y acaba en sus costas, le habla de un gran conflicto existente en el mundo, la Primera Guerra Mundial. Diana decide salir de la isla convencida de que puede detener la terrible amenaza, provocada por el dios de la guerra Ares. Mientras lucha junto a los hombres en la guerra que acabará con todas las guerras, Diana descubre todos sus poderes y su verdadero destino.

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    Wonder Woman es la película más blandita de la nueva era de DC Comic, y es algo de agradecer ya que abandona esas historias metafísicas, a pesar de que haya descubrimiento personal, muy, muy blandito y previsible claro. Se abandona también la oscuridad típica de las películas predecesoras, aunque aparece en el último acto de la cinta, un último acto que además parece dirigido por Zack Snyder en lugar de Patty Jenkins (explosiones, vuelos, rayos, etc, etc… Un Doomsday pero sin Doomsday). Con sus cosas malas, es algo positivo de cara a las futuras películas de DC, ya que esa aproximación se adapta más a un espectáculo disfrutable, sin dejar de lado la trivialidad y las tragedias de sus personajes, aunque insisto que en este caso, es muy blandito todo.

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    Si algo se espera de Wonder Woman es acción de la buena. Pues bien, durante la primera hora apenas hay nada de acción, pero vale, está bien, me están presentando a los personajes, lo compro. Eso si, aparece a lo bestia en una escena central ambientada en el frente belga de la Primera Guerra Mundial, con acción bien hecha y trepidante, y que da la sensación que desde ese momento, la película va subir… Pero no, se queda en agua de borrajas por la necesidad de insistir en los enfrentamientos grandilocuentes con rivales épicos. Esta escena, que capta toda la esencia de Diana Prince, y por extensión de Gal Gadot, contiene las mejores imágenes de acción vistas en las pelis de DC, aunque con mucho, mucho postureo, muy marcado sobre todo en el último acto. El resto de las escenas de acción de la pelñicula no están a la altura de ésta, bien por amalgamas de explosiones y movimientos, bien por unos CGI que en muchos momentos dejan mucho que desear y por el cansancio de los saltitos en cámara lenta que acaban acelerándose y terminan en postura de superhéroe. Son innumerables durante toda la peli, y al final terminan cansando. Y es una pena, porque la expectativa de desinfla muy rápido.

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    Y si decía que Gal Gadot está muy bien en los registros de acción, no puedo decir lo mismo en todas las partes dramáticas, en las que decide no esforzarse más (la chica da para lo que da) y decide sobreactuar, llevándose las manos a la cabeza de manera lastimosa en algún momento. Menos mal que para la parte dramática están Chris Pine, Robin Wright, Connie Nielsen y una sorprendente Elena Anaya, que aunque parece continuar su papel de La Piel Que Habito, cumple con nota su papel. Todos ellos consiguen enmendar la plana a la Gadot, sobre todo Chris Pine, dueño de la pantalla tanto en dramatismo como en el comedia, aunque sean muy básico.

    Wonder Woman tiene una primera parte que puede llegar a cotas ridículas gracias al humor tan básico que tiene, diálogos terribles de doble sentido sexual (infantiles), y escenas casi machistas con tópicos sobre los gustos de las mujeres (helados, shopping, bebés) así como los comentarios que profieren sobre ella los hombres, a los que no les presenta batalla (a los comentarios digo). Y tengo que decir que es una pena, porque podría haber supuesto una ocasión reivindicativa del feminismo, pero supongo que abortado por los mandamases de Warner.
    Pero la cosa mejora, y mucho, con la escena que domina el nudo central de la película, en el frente belga de Vald, con una escena de acción muy potente, que hace que nuestras expectativas se disparen, en parte tambien a una BSO potente de Rupert Gregson-Williams (mucho wah wah wah waaaaaaah wah!), pero que al final deriva en una resolución previsible e ideada (y casi hasta dirigida) por Zack Snyder, que duplica la escena final de Batman v Superman con Doomsday, y todo se vuelve oscuro, grandilocuente y lleno de rayitos y explosiones. Una pena.

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    Está claro que Wonder Woman es un claro paso delante de Warner Bros en su objetivo de querer parecerse a Marvel (hay algunos que la comparan con Capitán América, y tiene cosas, si, pero no se parece en mucho), en la que ha querido dejar a un lado los traumas metafísicos-existenciales para centrarse en el bien y el mal, el amor y la acción. Es mejor que Batman v. Superman y Escuadrón Suicida, pero claro, eso tampoco tiene mucho mérito y no es muy difícil. Indudablemente tiene cosas buenas (escena de acción de Bélgica, es blandita y tiene menos tragedias personales metafísicas ni grandilocuentes), pero siguiendo un símil muy DC, sigue pagando por los pecados de los padres (por aquello de Batman, Superman, Zack Snyder… Bueno, ejem… Eso…), en especial todo en el acto final, su concepción, su puesta en escena y su resolución.

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    Y por favor! Evitad verla doblada si es posible! El doblaje es TERRIBLEMENTE MALO.

    https://youtu.be/1Ss8FARn5J0